Karyna Waylinos Lozano y Nataly Villegas Vilca hacen una descripción espléndida del infierno y su significado; una versión más ligera, pero no menos valiosa lo describe como una estructura cónica de nueve círculos concéntricos; en cada uno de ellos se castiga un tipo específico de pecado, con los más leves arriba y los más graves abajo; los círculos descienden estrechándose hacia el centro de la tierra, donde reside Lucifer, representando la alegoría del pecado y la justicia divina.
Tres bestias encuentra Dante en su camino hacia el infierno: Una pantera [simboloza la lujuria, el fraude y la corrupción], un león hambriento [ la soberbía, el orgullo y la ambición desmedida] y una loba cargada de deseos [encarnación de la avaricia, la codicia y la falta de moderación], las bestias le impiden avanzar en su viaje hasta que Virgilio aparece para guiarlo por otro sendero.
En la puerta del infierno se lee <<Por mí se va a la ciudad doliente; por mí se va al dolor eterno; por mí se va hacia la raza condenada: (...) ¡Oh vosotros los que entraís, abandonad toda esperanza!>>
En el vestíbulo del infierno están Los que solo vivieron para sí mismos, sin virtudes ni vicios: Allí, bajo un cielo sin estrellas, resonaban suspiros, quejas y profundos gemidos (...) Diversas lenguas, horribles blasfemias, palabras de dolor, acentos de ira, voces altas y roncas acompañadas de palmadas ... Son las almas de los que vivieron sin merecer alabanzas ni vituperios; el cielo los lanzó, pero el infierno no quiere recibirlos. El mundo no conserva ningún recuerdo suyo; la misericordia y la justicia los desdeñan.
Entra luego al primer círculo [el limbo], ahí están los que no recibieron las aguas del bautizo: por tal falta, están condenados a vivir sin esperanza; no hay quejas, solo suspiros que hacían temblar la atmósfera.
En el
segundo círculo está Minos, examina las culpas y juzga, ve qué lugar del infierno debe ocupar el pecador y -ciñendose al cuerpo la cola tantas vueltas como sea el número del círculo- lo arroja al abismo. En este 2° círculo están
los lujuriosos, pecadores carnales que sometieron la razón a sus apetitos lascivos: una tromba infernal que no se detiene nunca, envuelve a los espíritus, los agita, los molesta y los arroja contra una valla de rocas sin que abriguen nunca la esperanza de tener un momento de reposo.
En el
tercer círculo, los glotones están entre una lluvia densa, eterna, fría que cae siempre con fuerza, espesos granizos, agua negruzca y nieve descienden a través de las tinieblas y la tierra, al recibirlos, exhala un olor pestífero; a esos espíritus los vigila Cerbero, fiera cruel y monstruosa, ladra con sus tres fauces de perro, clava en ellos sus uñas, les desgarra la piel y los descuartiza.
Llega luego al cuarto círculo, el de los pródigos y los avaros: allí hay más condenados que en ninguna otra parte;por haber gastado mal y guardado mal, están formados en dos filas se lanzan los unos contra los otros enormes pesos, se golpean y -cuando llegan al centro de su círculo- empiezan de nuevo otro combate.
En el
círculo quinto, en la laguna Estigia -que se forma con aguas de un hirviente manantial- se encuentran las almas de los que fueron dominados por la ira,
los iracundos: sus almas -encenegadas en aquel pantano- completamente desnudas, se golpean no solo con las manos, sino con la cabeza, con el pecho, con los pies, arrancándose la carne a pedazos con los dientes.
Llega luego a la ciudad de Dite; ciudad infernal que marca el inicio del infierno inferior, caracterizada por un paisaje de fuego y lamentos.
Salen a su encuentro las tres Furias [Ejecutoras de las venganzas infernales contra los pecadores]: Megera, Alecto y Tesífona, quienes se desgarraban el pecho con sus uñas, se golpeaban con las manos y gritaban fuertemente; continuaron bajando hasta llegar al
sexto círculo, ahí se encuentran
los heresiarcas [
herejes], metidos en tumbas [sepulcros] envueltos en llamas, que los incendian enteramente, todas las losas levantadas y del interior salían terribles lamentos.
Llegó luego a un valle formado por grandes piedras quebradas y amontonadas en círculo, del cual exhalaba un hedor insoportable; había allí, una caterva [voz peyorativa: multitud desordenada de personas] de espíritus más cruelmente atormentados. En medio de esas rocas hay tres círculos [el séptimo círculo subdividido a su vez en tres círculos] todos llenos de espíritus malditos <para que te baste con solo verlos, oye cómo y por qué están aquí encerrados>. La injuria es el fin de toda maldad que excita el odio del Cielo, y se llega a este fin, que redunda en perjuicio de otros, bien por medio de la violencia o por medio del engaño. Pero como la mentira o engaño es una maldad propia del hombre, por eso es más desagradable a los ojos de Dios, por esa razón también los engañadores o mentirosos están aquí. [Violencia y Fraude se castigan aquí].
Todo el primer recinto [del séptimo círculo] lo ocupan los violentos; está dividido en tres recintos; porque puede cometerse violencia contra tres clases de seres: contra Dios, contra sí mismo y contra el prójimo, y no solo contra sus personas, sino también contra sus bienes.
Se comete violencia contra el prójimo dándole muerte o causándole heridas dolorosas y contra sus bienes por medio de la ruina, el incendio o los robos. De aquí resulta que los homicidas, los que causan heridas, los incendiarios y los ladrones son atormentados en diversos grados en el primer recinto.
Un hombre puede haber dirigido su mano violenta contra sí mismo o contra sus bienes: justo es, pues, que purgue su culpa en el segundo recinto, sin esperar mejor suerte que aquel que por su propia voluntad se priva de vuestro mundo [suicidio], juega, disipa sus bienes o llora donde debía haber estado alegre y gozoso. Puede cometer violencia contra la divinidad el que reniega de ella y blasfema con el corazón, el que desprecia la naturaleza y sus beneficios. Este tercer recinto marca con fuego a los sodomitas y a los usureros, y a todo el que despreciando a Dios le injuria, sin hablar, desde el fondo de su corazón.
El hombre puede cometer el fraude con el que de él se fía y también con el que desconfía; por esta causa están encadenados en el segundo círculo los hipócritas, los aduladores, los hechiceros, los falsarios, los ladrones, los simoníacos, los rufianes, los barateros y todos los que se han manchado con semejantes inmundos vicios.
En el círculo menor, donde está el centro de la tierra, yace eternamente atormentado, todo aquel que ha cometido traición.
En la misma ciudad, pero alejados del fuego, se encuentran las almas que cometieron tres inclinaciones que el cielo reprueba: la incontinencia, la malicia y la loca bestialidad; esas almas están en una laguna cenegosa, el viento las agita sin cesar el viento, los azota la lluvia y las hace chocar entre sí.
Alrededor del foso, centauros armados van a millares atravesando con sus flechas a toda alma que sale de la sangre hirviente más de lo que permiten sus culpas. [en el lago de la sangre hirviente se castiga a los tiranos -que vivieron de sangre y de rapiña-, están sumergidos hasta las cejas]. Al proseguir su camino, penetra a un bosque cuyos árboles, de follaje oscuro, ramas nudosas y entrelazadas, no producen fruto sino espinas venenosas en donde anidan las arpías, allí moran las almas de los suicidas: <<cuando el alma sale del cuerpo de donde se ha arrancado ella misma, Minos la envía al séptimo círculo. Cae en la selva y allí, donde caiga, germina; las arpías al devorar sus hojas, le causan dolor intenso; van luego [las almas] a recoger sus despojos pero no pueden volver a revestirse con ellos.>> En este mismo cícrulo se encuentran los disipadores <<alguien que derrocha sus bienes en excesos (lujuria, bebida, fiestas) o malgasta su vida y recursos de manera irresponsable, a menudo asociado con pereza y falta de prudencia>>, a ellos los persiguen perros negros y ávidos que les dan terribles dentelladas hasta despedazarlos y llevarse sus miembros palpitantes.
Se dirigió luego al tercer recinto, donde se ve el terrible poder de la justicia divina; es allí un arenal que no admite planta alguna en su superficie, rodeado de un sangriento foso y una selva. Están en este recinto los violentos contra Dios, contra la naturaleza y contra sociedad; numerosos grupos de almas desnudas llorando miserablemente. Unas yacen de espaldas contra el suelo, otras sentadas en confuso montón, las que dan vueltas en círculo son las más numerosas y, en menor número, las que yacen para sufrir algún tormento; pero éstas tienen la lengua más suelta para quejarse. Llueve sobre ellas - en el arenal- grandes copos de fuego que al caer no se extinguen, fuego eterno que abrasa la arena y redobla el dolor de las almas cuyas manos se agitan sin reposo apartando a uno y otro lado las brasas continuamente renovadas.
En su caminar, llegó a las afueras de la selva, sitio donde desemboca un riachuelo de horripilante color rojo pues es agua sangrienta que hierve.
Ya lejos de la selva, se encontró una legión de almas caminando a lo largo del ribazo <porción de tierra con elevación y declive>, los sodomitas <persona que practica el sexo anal>, cuyo castigo es vagar eternamente -sin detenerse jamás- bajo la lluvia de fuego. Cualquiera de ellos que se detenga queda cien años después sufriendo esa lluvia sin poder esquivar el fuego que le abrasa.
Al acercarse al borde del abismo donde está el octavo círculo, encuentra a Gerión [imagen del fraude y del engaño], fiera de aguzada cola, que traspasa montañas y rompe muros. Su rostro era el de un varón, de bondadosa apariencia y el resto del cuerpo el de una serpiente. Tenía dos garras llenas de vello hasta los sobacos, y la espalda, el pecho y los costados salpicados de lazos y escudos. Allí, en el extremo del séptimo círculo -en el tercer recinto de los violentos- gemían las almas de los usureros. el dolor brotaba de sus ojos, mientras acá y allá se defendían con las manos, ya de las pavesas <partecilla ligera que salta de la materia inflamada y acaba por convertirse en ceniza>, ya de la candente arena.
Sobre las anchas espaldas de Gerión, continuó su camino, girando y descendiendo; hasta llegar al fondo del abismo.
Hay un lugar en el infierno llamado Malebolge <fosas malditas>, construído todo de piedra, en el centro se abre un pozo bastante ancho y profundo, está dividido en diez valles o recintos cerrados semejantes a las fosas que rodean a un castillo, ese es el octavo círculo.
En la primera fosa, los rufianes <persona sin honor, perversa, despereciable; hombre dedicado al tráfico de la prostitución> y los seductores cuyas almas desnudas se mueven de un lado a otro a paso veloz mientras cornudos demonios con grandes látigos les azotan cruelmente las espaldas.
En la segunda fosa, las almas de los aduladores y los cortesanos <lambiscón, lameculos> se hallan sumergidas en estiércol que parecía salir de las letrinas humanas, dando resoplidos con sus narices y golpeándose con sus propias manos.
En la tercera fosa, las almas de los simoníacos <Simón, mago de Samaria, ofreció dinero a San Pedro para adquirir los dones del Espíritu Santo, sus seguidores -los que comercian con las cosas sagradas- son los simoníacos>: en los lados y en el fondo la piedra lívida llena de agujeros, todos redondos y de igual tamaño (...), fuera de la boca de cada uno de esos agujeros salen los pies y las piernas del pecador, hasta el muslo, quedando dentro el resto del cuerpo. Ambos pies tienen las plantas abrasadas, por cuya razón se agitan fuertemente sus coyunturas, el fuego les lame desde el talón hasta la punta de los pies.
En la cuarta fosa, la de los adivinos, las almas que -llorando en silencio- caminan con el rostro vuelto hacia las espaldas, y les es preciso caminar hacia atrás porque han perdido la facultad de ver por delante. [Por haber querido ver demasiado hacia adelante, ahora miran hacia atrás y siguen camino retrógrado].
En la quinta fosa, la de los que trafican con la justicia, hay una laguna de pez hirviente, una resina espesa que se pega por todas partes]; allí unos demonios sumergen con sus arpones, una y otra vez, a los pecadores sin permitirles jamás descanso.
La sexta fosa es la de
los hipócritas, los falsos, los padres de la mentira. Allí encontró una gentes pintadas, que giraban con bastante lentitud, llorosas y con semblantes fatigados y abatidos. LLevaban capas con capuchas echadas sobre los ojos; doradas por fuera, de modo que deslumbraban; pero por dentro eran todas de plomo y tan pesadas que las almas caían rendidas por el peso. [Las capas simbolizan la falsedad y el peso de sus engaños.]
En esta fosa se encuentra el que aconsejó a la fariseos que era necesario hacer sufrir a un hombre el martirio por todo el pueblo. Está atravesado, crucificado en tres palos y desnudo sobre el camino pues es preciso que sienta lo que pesa cada uno de los pasan.
La séptima fosa, reservada para los ladrones, está llena de serpientes de diferentes especies. En medio de aquella espantosa y cruel multitud de reptiles, corren gentes desnudas y aterrorizadas, sin esperanza de encontrar refugio ni heliotropio <piedra preciosa a la que se le atribuía la virtud de hacer invisible al que la llevaba>; con las manos atadas a la espalda con serpientes, las cuales, formando nudos por encima, les hincaban la cola y la cabeza en los riñones; al momento de morderlos en el punto en que se unen el cuello y los hombros, las almas se encienden, arden y caen convertidas en cenizas para luego -casi instantáneamente- reunirse nuevamente por sí mismas y rehacer al espíritu como estaba antes en un ciclo interminable.
En la octava fosa, los espíritus de los que -intencionalmente- mal aconsejaron sufren su castigo; infinitas llamas les cubren completamente sin poder liberarse de ellas jamás.
En la novena fosa están las almas de los autores de escándalos, cismas <división que se produce entre los miembros de una comunidad> y herejías <en el catolicismo, doctrina contraria a los dogmas de la iglesia>: un espíritu que vi hendido desde la barba hasta la parte inferior del vientre; sus intestinos le colgaban por las piernas; se veía el corazón en movimiento y el triste saco donde se convierte en excremento todo cuanto se come. (...). En pos de nosotros viene un diablo que nos hiere cruelmente, dando tajos con su afilada espada a cuantos alcanza entre esta multitud de pecadores, luego que hemos dado una vuelta por este lamentable foso; porque nuestras heridas se cierran antes de volvernos a encontrar con aquel demonio. (...) otro tenía la nariz cortada hasta las cejas, la garganta atravesada y solamente una oreja. (...) Ví un cuerpo sin cabeza, andando como los demás (...): llevaba en una mano su cabeza cortada, asida por los cabellos y pendiente a manera de linterna.
La décima fosa es la de
los charlatanes <persona que habla mucho y acostumbra decir mentiras o presumir conocimientos que no tiene> y los falsarios <que afirma falsedades> . En este fosa -de los espíritus cubiertos de lepra- se exhalaba una pestilencia como la que despiden los miembros gangrenados. (...) causaba gran tristeza ver a los espíritus languidecer en montones; cuál yacía tendido, cuál sobre espaldas unos sobre otros y alguno andaba a rastras por el triste camino. (...) Ví dos de ellos sentados y apoyados uno contra el otro llenos de postemas desde la cabeza a los pies. (...) los condenados se rascaban con frecuencia para calmar la rabia de su comezón, se arrancaban con las uñas las pústulas.

Las almas de los falsarios que tomaron el nombre o aspecto de otra persona van desnudas, persiguiéndose y arrancándose pedazos a mordiscos. Otras, las de los falsificadores de moneda, sufren de pesada hidropesía, que, a causa de los humores convertidos en maligna sustancia, hace los miembros tan desproporcionados que el rostro no corresponde al vientre y les obliga a tener la boca abierta, tienen, -también- una sed inextinguible lo mismo que los calumniadores a quienes aqueja una fiebre intensa e interminable.
Entre octavo y el noveno círculos encontró a seres gigantes, los cuales están metidos hasta el ombligo en el pozo alrededor de los muros; menciona cuatro de ellos pero no dice que pecado los llevó hasta ese lugar; uno de ellos lo traslada hasta el fondo del abismo (noveno círculo) donde moran Lucifer y Judas.
El noveno círculo se divide en cuatro recintos donde se castiga a cuatro clases de traidores.
En la Caína <primer recinto, en referencia a Caín -el fraticida->allí - en un pozo helado- están las almas de los que traicionaron a sus parientes, sumergidas en el hielo hasta el sitio donde se muestra la vergüenza; tienen todas el rostro vuelto hacia abajo, su boca da muestras del frío que sentían y sus ojos las dan de la tristeza de su corazón; el frío les hace perder las orejas (para luego recuperarlas) y les congela las lágrimas.
En la Antenora <segundo recinto, en referencia a Antenor que traicionó a Troya al ocultar a Ulises>, las almas de los traidores a su patria, heladas completamente, están expuestas a que otros las pisen, se muerden unas a otras para desgarrarse.
Más allá, en el Ptolomeo <tercer recinto> las almas de los traidores a sus amigos y a sus huéspedes están congeladas, no están con el rostro hacia abajo, sino vueltos hacia arriba. Su mismo llanto no les deja llorar, pues las lágrimas, que al salir se encuentran otras condensadas, se vuelven adentro, aumentando la angustia porque las primeras forman un dique y llenan debajo de los párpados toda la cavidad del ojo.
El cuarto recinto, el de Judas, es de los traidores a sus bienhechores. El sitio donde las sombras se hallan completamente cubiertas de hielo y se transparentan. Unas están tendidas, otras derechas, aquellas con la cabeza, estas con los pies hacia abajo y otras con la cabeza tocando los pies en forma de arco.
El emperador del reino sale fuera del hielo desde la mitad del pecho; (...) su cabeza tiene tres rostros! uno por delante (...), los otros dos se unen hacia el medio de los hombros y se juntan detrás en lo alto de la coronilla. Debajo de cada rostro salen dos grandes alas, sin plumas, como de murciélago, que se agitan y producen viento con el que se hiela todo el Cocito <Río helado del inframundo, río de las lágrimas y los lamentos en donde se castiga a los traidores>. Con seis ojos llora Lucifer y por las tres barbas corren sus lágrimas mezcladas con baba sanguinolenta. Con los dientes de cada boca tritura un pecador y les rasguña las espaldas dejándoselas enteramente desolladas. El alma de Judas Iscariote tiene la cabeza en la boca de lucifer y agita fuera de ella las piernas.
Dante y Virgilio <su guía> salen del infierno.

FIN DE LA PUBLICACIÓN.
FUENTES DE INFORMACION
Alighieri, Dante. (2001). La Divina Comedia. Col. Libros de bolsillo Z, Ed. Juventud. 3a Ed. Barcelona, España.Diccionario del Español de México. (2026). Sodomita, pavesa.... Consultado el 03 de Enero de 2026. En https://dem.colmex.mx/
No hay comentarios.:
Publicar un comentario