He de continuar aquí -en el Cap XLII de la segunda parte- los extractos de la obra "Don Quijote de la Mancha". Si el lector estuviera interesado en otras disertaciones filosóficas del Quijote y Sancho, puede ir a la primera parte de la obra que se encuentra en el vínculo LO LEÍ EN DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
Del Cap. XLII Aprendamos <<de los consejos que dió don Quijote a Sancho Panza antes de que fuese a gobernar la ínsula>>
Gracias le doy al cielo, Sancho amigo, de que antes y primero que yo haya encontrado con alguna buena dicha te haya salido a ti a recibir y a encontrar la buenaventura. (...) otros cohechan, importunan, solicitan, madrugan, ruegan, porfían, y no alcanzan lo que pretenden, y llega otro y, sin saber como ni como no, se halla con el cargo y oficio que muchos otros pretendieron; (...) no atribuyas a tus merecimientos la merced recibida, sino que des gracias al cielo, que dispone suavemente las cosas.
Esto (...) son documentos que han de adornar tu alma (:)
>> Primeramente, ¡oh hijo!, has de temer a Dios, porque en el temerle está la sabiduría, y siendo sabio no podrás errar en nada.
>> Lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo que es el mnás díficil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse con el buey, que si esto haces, vendrá a ser feos pies de la rueda de tu locura la consideración de haber guardado puercos en la tierra. >> Haz gala, Sancho, de la humildad de tu linaje y no te desprecies de decir que vienes de labradores, porque viendo que no te corres, ninguno se pondrá a correrte, y préciate más de ser humilde virtuoso que pecador
soberbio...
>> Mira Sancho, si tomas por medio a la virtud y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para qué tener envidia a los que padres y abuelos tienen príncipes y señores, porque la sangre se hereda y la virtud se aquista, y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale.
>> si acaso viniere a verte cuando estés en tu ínsula alguno de tus parientes, no le deseches ni le afrentes, antes le has de acoger, agasajar y regalar, que con esto satisfarás al cielo, que gusta que nadie se desprecie de lo que él hizo y corresponderás a lo que debes a la naturaleza bien concertada.
>>Si trujeres a tu mujer contigo (porque no es bien que los que asisten a gobiernos de mucho tiempo estén sin las propias), enseñala, adoctrinala y desbástala de su natural rudeza, porque todo lo que suele adquirir un gobernador discreto suele perder y derramar una mujer rústica y tonta.
>>Si acaso enviudares, cosa que puede suceder, y con el cargo mejorares de consorte, no la tomes tal que te sirva de anzuelo y de caña de pescar, y del "no quiero de tu capilla"[no utilices a tu mujer para que reciba los beneficios que tú simulas rechazar], porque en verdad te digo aquello que la mujer del juez recibiere ha de dar cuenta el marido en la residencia universal, donde pagará con el cuatro tanto en la muerte las partidas de que no hubiere hecho cargo en la vida.
>>Nunca te guíes por la ley del encaje,(ley de la arbitrariedad) que suele tener mucha cabida en los ignorantes que presumen de agudos.
>>Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia que las informaciones del rico.
Procura descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico como por entre los sollozos e importunidades del pobre.
>>Cuando pudiere y debiere tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la ley al delincuente, que no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo.
>>Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia.
>>Cuando te sucediere juzgar algún pleito de algún tu enemigo, aparta las mientes de tu injuria y ponlas en la verdad del caso.
>>No te ciegue la pasión propia en la causa ajena, que los yerros que en ella hicieres las más veces serán sin remedio, y si le tuvieren, será a costa de tu crédito, y aún de tu hacienda.
>>Si alguna mujer hermosa viniere a pedirte justicia, quita los ojos de sus lágrimas y tus oídos de sus gemidos, y considera de espacio la sustancia de lo que pide, si no quieres que se anegue tu razón en su llanto y tu bondad en sus suspiros.
>>Al que has de castigar con obras no trates mal con palabras, pues le basta al desdichado la pena del suplicio, sin la añadidura de las malas razones.
>> Al culpado que cayere debajo de tu jurisdicción, considérale hombre miserable, sujeto a las condiciones de la depravada naturaleza nuestra, y en todo cuanto fuere de tu parte, sin hacer agravio a la contraria, muéstratele piadoso y clemente; porque aunque los atributos de Dios todos son iguales, más resplandece y campea a nuestro ver el de la misericordia que el de la justicia.
Si estos preceptos y reglas sigues, Sancho, serán luengos tus días, tu fama será eterna, tus premios colmados, tu felicidad indecible, casarás a tus hijos como quisieres, títulos tendrán ellos y tus nietos, vivirás en paz y beneplácito de las gentes y en los últimos pasos de la vida te alcanzará el de la muerte en vejez suave y madura, y cerrarán tus ojos las tiernas y delicadas manos de los terceros netezuelos.
En el Capítulo XLIII, Don Quijote ofrece a Sancho los <documentos que han de servir para adorno del cuerpo>
>>En lo que toca a como has de gobernar tu persona y casa, Sancho, lo primero que te encargo es que seas limpio y que recortes las uñas, sin dejarlas crecer, como algunos hacen, a quien su ignorancia les ha dado a entender que las uñas largas les hermosean las manos, como si aquel excremento y añadidura que se dejan de cortar fuese uña, siendo antes garras de cernícalo lagartijero, puerco y extraordinario abuso.
>>No andes, Sancho, desceñido y flojo, que el vestido descompuesto da indicios de ánimo desmazalado, si ya la descompostura y flojedad no cae debajo de socarronería, (...)
>>No comas ni ajos ni cebollas, porque no squen por el olor tu villanería.
>> Anda despacio, habla con reposo, pero no de manera que parezca que te escuchas a ti mismo, que toda afección es mala.
>>Come poco y cena más poco, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago.
>>Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra.
>> Ten cuenta, Sancho, de no mascar a dos carrillos ni de erutar delante de nadie. (...)
>>También , Sancho, no has de mezclar en tus pláticas la muchedumbre de refranes que sueles, que, puesto que los refranes son sentencias breves, muchas veces las traes tan por los cabellos, que más parecen disparates que sentencias. (...) Sancho, no te digo yo que parece mal un refrán traído a propósito; pero cargar y ensartar refranes a trochemoche hace la plática desmayada y baja.
>>Cuando subieres a caballo, no vayas echando el cuerpo sobre el arzón postrero, ni lleves las piernas tiesas y tiradas y desviadas de la barriga del caballo, ni tampoco vayas tan flojo, que parezca que vas sobre el rucio; que el andar a caballo a unos hace caballeros, a otros caballerizos.
>>Sea moderado tu sueño, que el que no madruga con el sol, no goza del día; y advierte, ¡Oh Sancho!, que la diligencia es madre de la buena ventura, y la pereza, su contraria, jamás llegó al termino que pide un buen deseo.
>>Este último consejo que ahora quiero darte, puesto que no sirva para adorno del cuerpo, quiero que lo lleves muy en la memoria, que creo que no te será de menos provecho que los que hasta aquí te he dado: y es que jamás te pongas a disputar de linajes, a los menos comparándolos entre sí, pues por fuerza en los que se comparan uno ha de ser el mejor, y del que abatieres serás aborrecido, y del que levantares en ninguna manera premiado.
Señor -respondió Sancho- bien veo que todo cuanto vuestra merced me ha dicho son cosas buenas, santas y provechosas, pero ¿De qué han de servir, si de ninguna me acuerdo? (...) y, así, será menester que se me den por escrito, que, puesto que no se leer ni escribir, yo se las daré a mi confesor para me los encaje y recapacite cuando fuere menester.
(...)
Porque has de saber, ¡Oh Sancho! que no saber un hombre leer o ser zurdo arguye una de dos cosas: o que fue hijo de padres demasiado de humildes y bajos, o él tan travieso y malo, que no pudo entrar en él el buen uso ni la buena doctrina.
Y dejemos esto aquí, Sancho, que si mal gobernares, tuya será la culpa y mía la vergüenza; más consuélome que he hecho lo que debía en aconsejarte con lsa veras y con la discreción de mi posible: con esto salgo de mi obligación y de mi promesa. Dios te guíe, Sancho, y te gobierne en tu gobierno. (...) Encomiéndate a Dios, y procura no errar en la primera intención: quiero decir que siempre tengas intento y firme propósito de acertar en cuantos negocios te ocurrieren, porque siempre favorece el cielo los buenos deseos.
En el capítulos siguientes se narra de como Sancho fue llevado hasta la Ínsula en la que gobernaría y Don Quijote se queda extrañandolo; es admirable la sagacidad de Sancho en su papel de gobernante. estos capítulos hay que leerlos para disfrutarlos; transcribo algunas ideas:
En el Cap. XLIV, cuando Don Quijote se queda a solas en su aposento, pues ya se han llevado a Sancho a la ínsula prometida, al desvestirse y contemplar la pobreza sus ropajes, reflexiona:
- Yo, aunque moro, bien sé, que la santidad consiste en la caridad, humildad, fe, obediencia y pobreza; pero, con todo eso, digo que ha de tener mucho de Dios el que se viniere a contentar con ser pobre, si no es de aquel modo de pobreza de quien dice uno de sus mayores santos: "Tened todas las cosas como si no las tuviésedes"
- Miserable del bien nacido que va dando pistos a su honra, comiendo mal y a puerta cerrada, haciéndo hipócrita al palillo de dientes con que sale a la calle después de no haber comido cosa que le obligue a limpiárselos. ¡Miserable de aquel, digo, que tiene la honra espantadiza y piensa que desde una legua se le descubre el remiendo del zapato, el trasudor del sombrero, la hilaza del herreruelo y la hambre de su estómago!.
En los capítulos XLV hasta el LIII se narran -de manera alterna- diversas aventuras de Don Quijote con peripecias de Sancho en su papel de gobernador de la Ínsula. Es de notar que este pasaje [hacer gobernador a Sancho e inventar situaciones de conflicto a Don Quijote] fue planeado por los duques como una diversión cruel, Sancho - a pesar de su falta de educación formal- demuestra ser un gobernante sabio, justo y pragmático al resolver sobre diferentes pleitos complejos que se le presentan, hasta que se da cuenta de la farsa y decide abandonar el cargo para regresar a la vida sencilla de escudero. Muestras de ingenio y su sentido común son los siguientes dichos:
- oficio que no da de comer a su dueño no vale dos habas.
- detrás de la cruz está el diablo.
- Quién sabe si el diablo, que es sutil y mañoso, querrá engañarme ahora
- Negociante necio, negociante mentecato, no te apresures, espera sazón y coyuntura para negociar;
- vivamos todos y comamos en buena paz compaña [en paz y compañía] pues cuando Dios amanece, para todos amanece.
En los capítulos siguientes, hasta el LVII Sancho y don Quijote se reencuentran y enfrentan nuevas aventuras, [planeadas por los duques que les hospedan] hasta que se despiden de los duques; de esas aventuras rescato los siguientes extractos:
- Yo, señor Duque, jamás he sido ladrón, ni lo pienso ser en toda mi vida, como Dios me deje de su mano.
- El hombre pone y Dios dispone
- Dios sabe lo mejor y lo que le está bien a cada uno,
- querer atar las lenguas de los maledicientes es lo mismo que querer poner puertas al campo.
- ruego siempre a Dios me abra los ojos del entendimiento y me dé a conocer cómo le tengo de servir.
Cap. LVIII
Cuando don Quijote se vio (libre) en la campaña, (...) volviéndose a Sancho le dijo: La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y se debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres. ¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan sin que le quede obligación de agradecerlo a otro que al mismo cielo!
Mudó Sancho plática y dijo a su amo: (...)aquel que llaman "Amor", que dicen es un rapaz ceguezuelo que, con estar lagañoso o, por mejor decir, sin vista, si toma por blanco un corazón, por pequeño que sea, le acierta y traspasa de parte a parte con sus flechas.
-Advierte, Sancho - dijo don Quijote- que el amor ni mira respetos ni guarda terminos de razón en sus discursos, y tiene la misma condición que la muerte, que así acomete los altos alcázares de los reyes como las humildes chozas de los pastores, y cuando toma posesión de una alma, lo primero que hace es quitarle el temor y la vergüenza.
-¡Crueldad notoria! -dijo Sancho- ¡Desagradecimiento inaudito! (...) no puedo pensar que es lo que vio esta doncella en vuestra merced (...) que le enamoraron; que en verdad que muchas veces me paro a mirar a vuestra merced desde la punta del pie hasta el último cabello de la cabeza y que veo más cosas para espantar que para enamorar; y habiendo yo también oído decir que la hermosura es la primera y principal parte que enamora, no teniendo vuestra merced ninguna, (...).
-Advierte, Sancho -respondió don Quijote-, que hay dos maneras de hermosura: una del alma y otra del cuerpo; la del alma campea y se muestra en el entendimiento, en la honestidad, en el buen proceder, en la liberalidad y en la buena crianza, y todas estas partes caben y pueden estar en un hombre feo; y cuando se pone la mira en esta hermosura, y no en la del cuerpo, suele nacer el amor con ímpetu y con ventajas. Yo, Sancho, bien veo que no soy hermoso, pero también conozco que no soy disforme, y bástele a un hombre de bien no ser monstruo para ser bien querido, como tenga los dotes del alma que te he dicho.
Entre los pecados mayores que los hombres cometen, aunque algunos dicen que es la soberbia, yo digo que es el desagradecimiento, ateniéndome a lo que suele decirse: que de los desagradecidos está lleno el infierno. (...) y si no puedo pagar las buenas obras que me hacen con otras obras, pongo en su lugar los deseos de hacerlas, y cuando éstos no bastan, las publico, porque quien dice y publica las buenas obras que recibe, también las recompensa con otras, si pudiera;
- Yo, Sancho, nací para vivir muriendo y tú para morir comiendo;
- Durmamos por ahora, y después Dios dijo lo que será.
- No hay libro tan malo que no tenga alguna cosa buena.
- que muchas veces suele caerse la paciencia cuando la cargan de injurias.
- el cielo, por extraños y nunca vistos rodeos, de los hombre no imaginados, suele levantar a los caídos y enriquecer a los pobres.
- ¡Oh fuerza rabiosa de los celos, a que desesperado fin conducís a quien os da acogida en su pecho!
- el principio de la salud está en conocer la enfermedad y en querer tomar el enfermo las medicinas que el médico le ordena. Vuestra merced está enfermo, conoce su dolencia, y el cielo, o Dios, por mejor decir, que es nuestro médico, le aplicará medicinas que le sanen, las cuales suelen sanar poco a poc, y no de repente y por milagro;
Quiso Cervantes que los pasos del Quijote y su escudero los condujeran hasta Barcelona [Cap. LXI a LXIV] en donde fueron hospedados de un <caballero rico y discreto, amigo a holgarse a lo honesto y afable> quien, sabedor de la situación de don Quijote, buscó <modos, como, sin su perjuicio, sácase a plaza sus locuras>; de esas aventuras son los siguientes extractos:
- no son burlas las que duelen, ni hay pasatiempos que valgan, si son con daño de tercero.
- porque quiero que sepa vuestra merced (...) que está hablando con quien, aunque tiene oídos para oír, no tiene lengua para hablar; así que con seguridad puede vuestra merced trasladar lo que tiene en su pecho en el mío y hacer cuenta que lo ha arrojado en los abismos del silencio.
- que así como el fuego no puede estar escondido y encerrado, la virtud no puede dejar de ser conocida
- la virtud se ha de honrar dondequiera que se hallare,
- ¡Qué de habilidades hay perdidas por ahi! ¡Qué de ingenios arrinconados! ¡Qué de virtudes menospreciadas!
Y así continúan las aventuras del Quijote hasta que [en el Cap. LXIV], en un duelo -desde luego preparado por el anfitrión, don Quijote fue vencido y, en castigo, es mandado por su vencedor a permanecer en su casa durante un año; el pasaje lo transcribo ahora:
- Señores caballeros, si aquí no hay otro remedio sino confesar o morir, y el señor don Quijote está en sus trece , y vuestra merced el de la Blanca Luna en sus catorce, a la mano de Dios y dense.
(...) y como era más ligero el de la Blanca Luna, llegó a don Quijote a dos tercios andados de la carrera, y allí le encontró con tan poderosa fuerza, sin tocarle con la lanza (que la levantó al parecer a propósito), que dió con Rocinante y con don Quijote por el suelo una peligrosa caída. Fue luego sobre él y, poniéndole la lanza sobre la visera, le dijo:
- Vencido sois, caballero, y aún muerto, si no confesaís las condiciones de nuestro desafío.
Don Quijote, molido y aturdido, sin alzarse la visera, como si hablara dentro de una tumba, con voz debilitada y enferma, dijo: -- Dulcinea del Toboso es la más hermosa mujer del mundo y yo el más desdichado caballero de la tierra, y no es bien que mi flaqueza defraude esta verdad. Aprieta, caballero, la lanza y quítame la vida, pues me has quitado la honra.
- Eso no haré yo, por cierto --dijo el de la Blanca Luna--: viva, viva en su entereza la fama de la hermosura de la señora Dulcinea del Toboso, que solo me contento con que el gran don Quijote se retire a su lugar un año, o hasta el tiempo que por mi le fuere mandado, como concertamos antes de entrar en esta batalla.
(...) y oyeron asimismo que don Quijote respondió que (...) cumpliría como caballero puntual y verdadero
De modo que don Quijote y Sancho se dispusieron a salir de Barcelona: ¡Aquí fue Troya! ¡Aquí mi desdicha, y no mi cobardía, se llevó mis alcanzadas glorias, aquí uso la fortuna conmigo de sus vueltas y revueltas. aquí se escurecieron mis hazañas, aquí finalmente cayó mi ventura para jamás levantarse! Oyendo lo cual Sancho, dijo:
- Tan de valientes corazones es, señor mío, tener sufrimiento en las desgracias como alegría en las prosperidades; (...) porque he oído decir que esta que llaman por ahí Fortuna es una mujer borracha y antojadiza, y sobre todo ciega, y, así, no ve lo que hace, ni sabe a quien derriba ni a quien ensalza.
-- Lo que te sé decir -respondió don Quijote- es que no hay fortuna en el mundo, ni las cosas que en él suceden, buenas o malas que sean, vienen acaso [por casualidad] sino por particular providencia de los cielos, y de aquí viene lo que suele decirse que cada uno es artífice de su ventura. (...) y, aunque perdí la honra, no perdí ni puedo perder la virtud de cumplir mi palabra. (...) Camina, pues, amigo Sancho, y vamos a tener en nuestra tierra el año del noviciado con cuyo encerramiento cobraremos virtud nueva
y así, pensando y pensando que hacer con su vida en su forzosa retirada decidió hacerse pastor y hacer vida del campo mientras pasaba el año de su promesa; compraré algunas ovejas y todas las demás cosas que al pastoral ejercicio son necesarias, y llamándome yo <el pastor Quijotiz> y tú serás <el pastor Pancino>; habiéndolo decidido continuaron su camino, aunque don Quijote insistía en que Sancho abonara a sus azotes para liberar a Dulcinea del encantamiento, Sancho se resistía; vuesa merced me deje dormir y no me apriete en lo de azotarme, que me hará hacer juramento de no tocarme jamás al pelo del sayo, no ya al de mis carnes. (...) a los regaños de don Quijote replica Sancho: sólo entiendo que en tanto que duermo ni tengo temor ni tengo esperanza, ni trabajo ni gloria; y bien haya el que inventó el sueño, capa que cubre todos los humanos pensamientos, manjar que quita el hambre, agua que ahuyenta la sed, fuego que calienta el frío, frío que templa el ardor y, finalmente, moneda general con que todas las cosas se compran, balanza y peso que iguala al pastor con el rey y al simple con el discreto. Solo una cosa tiene mala el sueño, según he oído decir, y es que se parece a la muerte, pues de un dormido a un muerto hay muy poca diferencia.
y continuaron su camino hacia su aldea enmedio de aventuras y reflexiones; en una de esas aventuras Sancho y don Quijote son obligados a ir a un castillo en donde [los duques que ya antes los abían hospedado] estaba montado un teatro; una dama --que se decía enamorada del Quijote y había sido rechazada por él-- yacía aparentemente muerta en medio; para regresarla a la vida fue menester <sellad el rostro de Sancho con veinte y cuatro mamonas [cachetadas], y con doce pellizcos y seis alfilerazos brazos y lomos>, cumplido lo anterior, Altisidora -mujer pretendidamente revivida- ofreció a Sancho seis camisas que nunca entregó; sin embargo, ya de camino hacia su aldea, don Quijote consideró justo pagar a Sancho por los azotes que desencantarían a Dulcinea; acordado el pago, antes de dormir, Sancho se metió entre los árboles y desnudo de medio cuerpo para arriba y, (...) comenzó a darse, y comenzó don Quijote a contar los azotes. (...). Pero el socarrón dejó de dárselos en las espaldas y daba en los árboles, con unos suspiros de cuando en cuando, que parecía que con cada uno de ellos se le arrancaba el alma. Siguió Sancho en su tarea con tanto denuedo que ya había quitado las cortezas a muchos árboles: tal era la riguridad con que se azotaba; y alzando una vez la voz y dando un desaforado azote en una haya, dijo: ¡Aquí morirá Sansón, y cuantos con él son!
Acudió don Quijote (...) y asiendo del torcido cabestro que le servía de corbacho [látigo] a Sancho, le dijo: No permita la suerte, Sancho amigo, que por el gusto mío pierdas tú la vida que ha de servir para sustentar a tu mujer y a tus hijos; espere Dulcinea mejor coyuntura que yo (...) esperaré que cobres nuevas fuerzas para que concluya este negocio a gusto de todos.
Aquí continuaré...
Acercándonos al final de la obra - y con temor de perder el comentario siguiente- lo agrego ahora; ya veremos luego las circunstancias en que se llega al final de la novela.
Encontré -publicado bajo el suedónimo de "Asombroso" una reflexión sobre la muerte de don Quijote, la reproduzco enseguida y agrego uno de los epitafios contenido en la obra.
¿Qué nos enseña la muerte de don Quijote sobre como vivir? La última lección del caballero de la triste figura es más relevante hoy que nunca en nuestra era de pragmatismo y cinismo.
Cuando Miguel de Cervantes decidió dar muerte a su creación más famosa en el capítulo final de la novela, no estaba simplemente cerrando una trama, sino entregando una profunda reflexión sobre la condición humana. Alonso Quijano, ya recuperado de su locura caballeresca, muere en su cama rodeado de quienes lo acompañaron en sus aventuras, pero es en este aparente fracaso donde encontramos su mayor victoria: haber vivido según sus propios (sic) ideales, por extravagantes que parecieran.
Lo fascinante de don Quijote no es que creyera ser caballero, sino como su locura transformó a quienes lo rodeaban: Sancho panza, el práctico escudero, aprendió a soñar; el cura y el barbero redescubrieron la compasión; incluso el mundo rural de la Mancha se vio obligado a confrontar la magia de los extraordinario en lo cotidiano. Cervantes nos muestra que la verdadera locura no es perseguir ideales, sino resignarse a una vida sin ellos.
La muerte del Quijote contiene una paradoja esencial: al recobrar la cordura, Alonso Quijano pierde su esencia. Sus últimas palabras no son de arrepentimiento por haber seguido sus sueños, sino de gratitud por haber vivido plenamente. Esta escena final nos plantea una pregunta incómoda: ¿es preferible morir cuerdo tras una vida insulsa o haber vivio intensamente, aunque otros lo llamen locura?
La reflexión que nos deja esta obra maestra no es sobre molinos de viento ni batallas imaginarias, sino sobre el coraje de mantener vivos nuestros ideales en un mundo que constantemente nos urge a "ser realistas". En una sociedad obsesionada con la productividad, el éxito material, el Quijote nos recuerda que la verdadera medida de una vida no está en sus logros tangibles sino en la intensidad con que se vivieron sus convicciones. Cuatro siglos después, su mensaje sigue vigente. solo los que son capaces de ver gigantes donde otros ven molinos de viento pueden transformar el mundo.
En los epitafios en su sepultura, Sansón Carrasco escribió: Yace aquí el hidalgo fuerte que a tanto extremo llegó de valiente, que se advierte que la muerte no triunfó de su vida con su muerte. Tuvo a todo el mundo en poco, fue el espantajo y el coco del mundo, en tal coyuntura, que acreditó su ventura morir cuerdo y vivir loco.
Es sábado 04 de Abril de 2026... esta publicación tendrá continuación