sábado, 25 de abril de 2026

BEFORE LIFE QUIETLY GOES (ANTES DE QUE LA VIDA SE ACABE SUAVEMENTE)

Este publicación también salió del vasto universo del internet, la publicación original es en inglés, la traducción es personal. 


BEFORE LIFE QUIETLY GOES

 Before life quietly reaches its final chapter, before the days grow fewer and the nights little longer; there is a kind of prayer that lives deeper than all the rest.

 Not a prayer for success, not for wealth, not even for more time, but for the people we love most.

 Because when your heart has loved deeply, you begin to understand – nothing in this world matters more than knowing the ones you care are safe, not just here, but in eternity.

 It’s a quiet wish that sits in the soul, sometimes unspoken, sometimes carried through tears,  sometimes whispered in the stillness of the night.

 “God, please find them before it’s too late”

 Not because they are lost in a visible way, but because life can be loud distracting; pulling hearts in a hundred different directions.

And sometimes people forget to look up.

 So, this prayer isn’t about control, it isn’t about forcing belief, it isn’t about being perfect.

 It’s about love.

 The kind of love that worries gently, that hopes endlessly, that kneels quietly and ask for grace to reach the people we cannot reach ourselves.

 Because of the end of everything; when titles fade and achievements lose their shine; what will matter most is who walked in truth, who found peace, who felt held by something greater than fear.

 And maybe that’s why this prayer feels so much.

 Because it carries every memory, every laugh,

every shared moment, every person we don’t want to lose in ways we cannot fix.

 So, if you’ve ever felt this kind of prayer in your heart; it simply means you love deeply.

 And sometimes the most powerful thing you can do for the people you love is to place their names gently in God’s hands.

 And trust Him with what you cannot carry.

ANTES DE QUE LA VIDA SE MARCHE EN SILENCIO

 Antes de que la vida alcance silenciosamente su capítulo final, antes de que los días se vuelvan más escasos y las noches un poco más largas; hay una oración que habita en lo más profundo, más que todas las demás.

 No es una oración pidiendo éxito, ni riqueza, ni siquiera más tiempo sino por las personas que más amamos.

 Porque cuando tu corazón ha amado profundamente, comienzas a comprender: nada en este mundo importa más que saber que aquellos a quienes amas están a salvo; no solo aquí, sino en la eternidad.

 Es un deseo silencioso que anida en el alma, a veces inexpresado, a veces expresado a en lágrimas, a veces susurrado en la quietud de la noche.

 «Dios, por favor, encuéntralos antes de que sea demasiado tarde».

 No porque estén perdidos de una manera visible, sino porque la vida puede ser ruidosa y distractora, arrastrando a los corazones en cientos de direcciones diferentes.

 Y, a veces, las personas se olvidan de buscarlo.

 Por eso, esta oración no trata de controlar, no trata de forzar la fe, no trata sobre ser perfecto.

 Trata sobre el amor.

 Ese tipo de amor que se preocupa con ternura, que espera sin fin, que se arrodilla en silencio y pide gracia que alcance a aquellas personas a las que nosotros no podemos llegar.

 Porque al final de todo —cuando los títulos se desvanecen y los logros pierden su brillo— lo que más importará es quién caminó en la verdad, quién halló la paz, quién se sintió sostenido por algo más grande que el miedo.

 Y tal vez sea por eso que esta oración se siente tan intensa.

 Porque carga con cada recuerdo, con cada risa, con cada momento compartido, con cada persona que no queremos perder de maneras que no podemos reparar.

 Así que, si alguna vez has sentido este tipo de oración en tu corazón, significa que amas profundamente.

 Y, a veces, lo más poderoso que puedes hacer por las personas que amas es depositar suavemente sus nombres en las manos de Dios.

 Y confiarle a Él aquello que tú no puedes cargar.





FIN DE LA PUBLICACIÓN 

miércoles, 8 de abril de 2026

¿QUÉ QUIERO PARA HOY?

Esta publicación llegó a mi teléfono como una de tantos reenvíos que se hacen, desconozco el autor y el título pero me gustó y la guardo, el título es, por arbitrario, mío.

Si Dios me preguntara qué quiero para este día, tal vez me quedaría callado un momento; porque pedir, puedo pedir mucho, una laaaaaaaaaarga lista:

- salud, calma, trabajo, energía, dinero, un auto, viajar...

- que mis padres, mis hermanos, mi esposa, mis hijos, mis nietos, mis amigos, todos están sanos y se sientan amados.

- que me duela menos el cuerpo, que siempre haya pan en mi mesa, que mi corazón aguante

y la lista seguiría interminable pues cada día tiene retos.

Pero muchas cosas de esas Él ya me las da sin que yo las nombre o sin siquiera pedirlas: el aire fresco de las mañanas, la luz que reinicia mi día, un jarro de café caliente; ¡Vaya! el hecho simple de despertar es, per se, un regalo invaluable; entonces creo que no pediría algo material.

Creo que pediría su perdón: 

Perdón por no saber disfrutar de lo que ya tengo, perdón por vivir apresurado como si la vida fuera una deuda y no un regalo, perdón por olvidar a vecs que fui creado para cuidar, amar, compartir, agradecer...

Perdón por olvidarme de ser humano y errar tanto, por volverme duro cuando debí ser suave, por guardar rencores, por exigirle a la vida más de lo que abrazo, más de lo que merezco, por convertir cansancio en amargura, por permitir que el miedo me quite la ternura.

Perdón por mis desvíos conscientes del camino, por competir cuando debí cooperar, colaborar, por guardar para mí lo que debí compartir, perdón por disfrazar de humildad mi arrogancia y esconder el amor tras del orgullo.

Y rogaría de su perdón porque se me olvida vivir bien y bonito, mirar el cielo, porque me cuesta agradecer las pequeñeces tan cotidianas que parecen insignificantes, perdón por esperar grandes milagros grandes y aparatosos cuando ya estoy parado dentro de uno.

Y después de pedir perdón, solo le agradecería por este día, por la oportunidad de crecer, de aprender a vivir más lento.


Por seguir creyendo en mí, aunque a veces yo dude de mi mismo.

Creo que eso es suficiente para hoy.