Esta publicación llegó a mi teléfono como una de tantos reenvíos que se hacen, desconozco el autor y el título pero me gustó y la guardo, el título es, por arbitrario, mío.
Si Dios me preguntara qué quiero para este día, tal vez me quedaría callado un momento; porque pedir, puedo pedir mucho, una laaaaaaaaaarga lista:
- salud, calma, trabajo, energía, dinero, un auto, viajar...
- que mis padres, mis hermanos, mi esposa, mis hijos, mis nietos, mis amigos, todos están sanos y se sientan amados.
- que me duela menos el cuerpo, que siempre haya pan en mi mesa, que mi corazón aguante
y la lista seguiría interminable pues cada día tiene retos.
Pero muchas cosas de esas Él ya me las da sin que yo las nombre o sin siquiera pedirlas: el aire fresco de las mañanas, la luz que reinicia mi día, un jarro de café caliente; ¡Vaya! el hecho simple de despertar es, per se, un regalo invaluable; entonces creo que no pediría algo material.
Creo que pediría su perdón:
Perdón por no saber disfrutar de lo que ya tengo, perdón por vivir apresurado como si la vida fuera una deuda y no un regalo, perdón por olvidar a vecs que fui creado para cuidar, amar, compartir, agradecer...
Perdón por olvidarme de ser humano y errar tanto, por volverme duro cuando debí ser suave, por guardar rencores, por exigirle a la vida más de lo que abrazo, más de lo que merezco, por convertir cansancio en amargura, por permitir que el miedo me quite la ternura.
Perdón por mis desvíos conscientes del camino, por competir cuando debí cooperar, colaborar, por guardar para mí lo que debí compartir, perdón por disfrazar de humildad mi arrogancia y esconder el amor tras del orgullo.
Y rogaría de su perdón porque se me olvida vivir bien y bonito, mirar el cielo, porque me cuesta agradecer las pequeñeces tan cotidianas que parecen insignificantes, perdón por esperar grandes milagros grandes y aparatosos cuando ya estoy parado dentro de uno.
Y después de pedir perdón, solo le agradecería por este día, por la oportunidad de crecer, de aprender a vivir más lento.
Por seguir creyendo en mí, aunque a veces yo dude de mi mismo.

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