miércoles, 11 de marzo de 2026

LO LEI EN "DON QUIJOTE" continuación.

He de continuar aquí -en el Cap XLII de la segunda parte- los extractos de la obra "Don Quijote de la Mancha". Si el lector estuviera interesado en otras disertaciones filosóficas del Quijote y Sancho, puede ir a la primera parte de la obra que se encuentra en el vínculo LO LEÍ EN DON QUIJOTE DE LA MANCHA.  

Del Cap. XLII Aprendamos <<de los consejos que dió don Quijote a Sancho Panza antes de que fuese a gobernar la ínsula>> 

Gracias le doy al cielo, Sancho amigo, de que antes y primero que yo haya encontrado con alguna buena dicha te haya salido a ti a recibir y a encontrar la buenaventura. (...) otros cohechan, importunan, solicitan, madrugan, ruegan, porfían, y no alcanzan lo que pretenden, y llega otro y, sin saber como ni como no, se halla con el cargo y oficio que muchos otros pretendieron; (...) no atribuyas a tus merecimientos la merced recibida, sino que des gracias al cielo, que dispone suavemente las cosas.

Esto (...) son documentos que han de adornar tu alma (:)

    >> Primeramente, ¡oh hijo!, has de temer a Dios, porque en el temerle está la sabiduría, y siendo sabio no podrás errar en nada.
    >> Lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo que es el mnás díficil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse con el buey, que si esto haces, vendrá a ser feos pies de la rueda de tu locura la consideración de haber guardado puercos en la tierra.
    >> Haz gala, Sancho, de la humildad de tu linaje y no te desprecies de decir que vienes de labradores, porque viendo que no te corres, ninguno se pondrá a correrte, y préciate más de ser humilde virtuoso que pecador
soberbio...
    >> Mira Sancho, si tomas por medio a la virtud y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para qué tener envidia a los que padres y abuelos tieen príncipes y señores, porque la sangre se hereda y la virtud se aquista, y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale.
    >> si acaso viniere a verte cuando estés en tu ínsula alguno de tus parientes, no le deseches ni le afrentes, antes le has de acoger, agasajar y regalar, que con esto satisfarás al cielo, que gusta que nadie se desprecie de lo que él hizo y corresponderás a lo que debes a la naturaleza bien concertada.
    >>Si trujeres a tu mujer contigo (porque no es bien que los que asisten a gobiernos de mucho tiempo estén sin las propias), enseñala, adoctrinala y desbástala de su natural rudeza, porque todo lo que suele adquirir un gobernador discreto suele perder y derramar una mujer rústica y tonta. 
    >>Si acaso enviudares, cosa que puede suceder, y con el cargo mejorares de consorte, no la tomes tal que te sirva de anzuelo y de caña de pescar, y del "no quiero de tu capilla"[no utilices a tu mujer para que reciba los beneficios que tú simulas rechazar], porque en verdad te digo aquello que la mujer del juez recibiere ha de dar cuenta el marido en la residencia universal, donde pagará con el cuatro tanto en la muerte las partidas de que no hubiere hecho cargo en la vida.
    >>Nunca te guíes por la ley del encaje,(ley de la arbitrariedad) que suele tener mucha cabida en los ignorantes que presumen de agudos.
    >>Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia que las informaciones del rico. 
Procura descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico como por entre los sollozos e importunidades del pobre.
    >>Cuando pudiere y debiere tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la ley al delincuente, que no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo.
    >>Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia.
    >>Cuando te sucediere juzgar algún pleito de algún tu enemigo, aparta las mientes de tu injuria y ponlas en la verdad del caso.
    >>No te ciegue la pasión propia en la causa ajena, que los yerros que en ella hicieres las más veces serán sin remedio, y si le tuvieren, será a costa de tu crédito, y aún de tu hacienda.
    >>Si alguna mujer hermosa viniere a pedirte justicia, quita los ojos de sus lágrimas y tus oídos de sus gemidos, y considera de espacio la sustancia de lo que pide, si no quieres que se anegue tu razón en su llanto y tu bondad en sus suspiros.
    >>Al que has de castigar con obras no trates mal con palabras, pues le basta al desdichado la pena del suplicio, sin la añadidura de las malas razones. 
    >> Al culpado que cayere debajo de tu jurisdicción, considérale hombre miserable, sujeto a las condiciones de la depravada naturaleza nuestra, y en todo cuanto fuere de tu parte, sin hacer agravio a la contraria, muéstratele piadoso y clemente; porque aunque los atributos de Dios todos son iguales, más resplandece y campea a nuestro ver el de la misericordia que el de la justicia. 

Si estos preceptos y reglas sigues, Sancho, serán luengos tus días, tu fama será eterna, tus premios colmados, tu felicidad indecible, casarás a tus hijos como quisieres, títulos tendrán ellos y tus nietos, vivirás en paz y beneplácito de las gentes y en los últimos pasos de la vida te alcanzará el de la muerte en vejez suave y madura, y cerrarán tus ojos las tiernas y delicadas manos de los terceros netezuelos. 


En el Capítulo XLIII, Don Quijote ofrece a Sancho los <documentos que han de servir para adorno del cuerpo>

    >>En lo que toca a como has de gobernar tu persona y casa, Sancho, lo primero que te encargo es que seas limpio y que recortes las uñas, sin dejarlas crecer, como algunos hacen, a quien su ignorancia les ha dado a entender que las uñas largas les hermosean las manos, como si aquel excremento y añadidura que se dejan de cortar fuese uña, siendo antes garras de cernícalo lagartijero, puerco y extraordinario abuso. 
    >>No andes, Sancho, desceñido y flojo, que el vestido descompuesto da indicios de ánimo desmazalado, si ya la descompostura y flojedad no cae debajo de socarronería, (...)
    >>No comas ni ajos ni cebollas, porque no squen por el olor tu villanería.
    >> Anda despacio, habla con reposo, pero no de manera que parezca que te escuchas a ti mismo, que toda afección es mala.
    >>Come poco y cena más poco, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago.
    >>Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra.
    >> Ten cuenta, Sancho, de no mascar a dos carrillos ni de erutar delante de nadie. (...)
    >>También , Sancho, no has de mezclar en tus pláticas la muchedumbre de refranes que sueles, que, puesto que los refranes son sentencias breves, muchas veces las traes tan por los cabellos, que más parecen disparates que sentencias. 
 (...) Sancho, no te digo yo que parece mal un refrán traído a propósito; pero cargar y ensartar refranes a trochemoche hace la plática desmayada y baja.
    >>Cuando subieres a caballo, no vayas echando el cuerpo sobre el arzón postrero, ni lleves las piernas tiesas y tiradas y desviadas de la barriga del caballo, ni tampoco vayas tan flojo, que parezca que vas sobre el rucio; que el andar a caballo a unos hace caballeros, a otros caballerizos.
    >>Sea moderado tu sueño, que el que no madruga con el sol, no goza del día; y advierte, ¡Oh Sancho!, que la diligencia es madre de la buena ventura, y la pereza, su contraria, jamás llegó al termino que pide un buen deseo.
    >>Este último consejo que ahora quiero darte, puesto que no sirva para adorno del cuerpo, quiero que lo lleves muy en la memoria, que creo que no te será de menos provecho que los que hasta aquí te he dado: y es que jamás te pongas a disputar de linajes, a los menos comparándolos entre sí, pues por fuerza en los que se comparan uno ha de ser el mejor, y del que abatieres serás aborrecido, y del que levantares en ninguna manera premiado.

Señor -respondió Sancho- bien veo que todo cuanto vuestra merced me ha dicho son cosas buenas, santas y provechosas, pero ¿De qué han de servir, si de ninguna me acuerdo? (...) y, así, será menester que se me den por escrito, que, puesto que no se leer ni escribir, yo se las daré a mi confesor para me los encaje y recapacite cuando fuere menester.
(...)
    Porque has de saber, ¡Oh Sancho! que no saber un hombre leer o ser zurdo arguye una de dos cosas: o que fue hijo de padres demasiado  de humildes y bajos, o él tan travieso y malo, que no pudo entrar en él el buen uso ni la buena doctrina.

    Y dejemos esto aquí, Sancho, que si mal gobernares, tuya será la culpa y mía la vergüenza; más consuélome que he hecho lo que debía en aconsejarte con lsa veras y con la discreción de mi posible: con esto salgo de mi obligación y de mi promesa. Dios te guíe, Sancho, y te gobierne en tu gobierno. (...) Encomiéndate a Dios, y procura no errar en la primera intención: quiero decir que siempre tengas intento y firme propósito de acertar en cuantos negocios te ocurrieren, porque siempre favorece el cielo los buenos deseos. 

En el capítulos siguientes se narra de como Sancho fue llevado hasta la Ínsula en la que gobernaría y Don Quijote se queda extrañandolo; es admirable la sagacidad de Sancho en su papel de gobernante. estos capítulos hay que leerlos para disfrutarlos.


es miércoles 11 de marzo de 2026... esta publicación tendrá continuación 





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