miércoles, 3 de marzo de 2021

NO TE MUERAS CON TUS MUERTOS

 

NO TE MUERAS CON TUS MUERTOS

 


¿Sabes que cuando lloras a tus muertos lloras por ti y no por ellos? Lloras porque “los perdiste”, porque no los tienes a tu lado. Piensas que todo concluye con la muerte y crees que ellos ya no están.

Entones si tus muertos ya no están ¿En dónde están?

Sí, se han ido o ahora están en otro lugar, ese lugar ¿es mejor que este? Si definitivamente ese lugar es mejor que este, entonces ¿Por qué sufres su partida?

Cuando hayas terminado de aceptar que ellos ya no están aquí pero aún están en otro lugar que es mejor que este, pues allí donde están ya no están enfermos ni sufriendo entonces dejarás de llorarlos y los recuperarás en el recuerdo para que te sigan acompañando con la alegría de todo lo vivido.

No te mueras con tus muertos, re-vívelos en tu corazón.

Si realmente los amabas, vuelve a amarlos y esta vez con mayor fuerza, con mayor pureza, con mayor entrega pues ya no habrá reproches de ningún tipo; solo el amor será la esencia entre ustedes, entre ellos y nosotros. La esencia del amor incondicional.

Ya no los amamos por necesidad ni por miedo. Cierto que hay dolor y que muchas son las maneras de expresarlo; cierto es que se llora y se llora sin consuelo; mucho es el desconsuelo y bastante la tristeza pero no te mueras con tus muertos.

Déjalos partir como parten las golondrinas en otoño para anidar en otros climas y volver, más numerosas y crecidas, en otra primavera.

Déjalos volar a la fuente del amor que ansiosos están por compartir con nosotros.

Seca tus lágrimas y ámalos. Verlos allí es ver solo la cara de la muerte; no estamos viendo más allá, no estamos viendo el lugar maravilloso de luz donde ahora se encuentran.

No te mueras con tus muertos; dales honor viviendo tu vida con honor; cuando los necesites los encontrarás en la suavidad del viento que sopla ~esas serán sus manos en tu rostro~,  la sombra del árbol será su abrazo protegiéndote; en la luz del sol y entre la lluvia, entre el canto de las aves susurrarán “te amo”, “te amo”.

 

Deja salir tus lágrimas y luego sigue adelante.


…porque me siento impotente, sin ninguna explicación ante la muerte. Por eso confieso que me duele en el alma la muerte de los que amo. Siento dolor y rabia, angustia, impotencia y rebeldía. ¡Me siento acorralado! Y finalmente acepto la muerte aunque no comprendo nada. Creo en Dios, en el Dios de amor y de la vida porque necesito que la muerte tenga alguna explicación y algún sentido, y quiero pensar que Dios lo sabe aunque yo lo ignore, y espero que mis muertos vivan aunque yo no sepa cómo ni dónde.

Cuando una flor muere nace una semilla, cuando una semilla muere nace una planta… y la vida sigue su camino, más fuerte que muerte.



lunes, 8 de febrero de 2021

LA PÉRDIDA DE LOS PADRES. Nuestro segundo nacimiento

 Esta es una publicación que encontré en el vasto espacio del Internet, firmada por alguien que se hace llamar Maitena. 

al final encontrará algunos vínculos hacia otras publicaciones de contenido similar que complementarán el sentimiento que ésta despierte en su espíritu. 

1960


LA PÉRDIDA DE NUESTROS PADRES.

Tan doloroso como muchas de las veces natural, la pérdida de los padres en el hombre lo deja siempre con un sentimiento de indefensión, ya que son ellos siempre nuestros más solidarios e incondicionales protectores, aquellos de quienes tenemos la idea nunca nos abandonarán y estarán siempre de nuestro lado.

 

Y cuando llega el desprendimiento, llega con él una sensación de soledad muchas de las veces acompañada de deuda, porque ¿Quién no está en deuda con ellos? nos cuestionamos enseguida lo que pudimos haber hecho de más, nuestra correspondencia y agradecimiento y ¿por qué no?, también algunos reclamos naturales en nuestra crianza.


 

Esa es la primera parte del duelo, el abandono duele más de momento que la ausencia, pero, es esto una ley natural en el mejor de los casos, habrá que dejar de ser "hijo" para asumir nuestro propio papel como individuos y luego entonces y en su caso, como padres. Tal vez no se nota, pero quien tiene el privilegio de tener a sus padres, no asume en su totalidad su independencia y esto es, la mayoría de las veces un plus en la vida.

 

Habría que reflexionar para entender que la misión de la paternidad es producir frutos, para luego soltarlos y ofrecerlos al mundo, solo estando en ese papel entenderemos que ningún padre desea el dolor de sus hijos y que ninguno tampoco, elegiría llevarse resentimientos con ellos, que el perdón va implícito en el cuidado que han puesto en nosotros. Entendiéndolo así sanamos más fácilmente nuestras culpas u omisiones, porque un padre sabe también, lo que fue ser hijo y el egoísmo que necesariamente lo envuelve, porque debe buscar su libertad y hacerle frente a sus decisiones, muchas veces no es abandono sino responsabilidad y los padres saben ver las intenciones muy por encima de las acciones, es por eso que nos son indispensables.

 

Sin embargo es necesario recordar, no solo lo que les debemos, también lo que fueron por sí mismos, sus risas, sus logros, sus aventuras, sus motivos y sus complicidades, así estarán los recuerdos completos.

 

Para lidiar con el aparente abandono, debemos entender entonces que fue necesario para nuestro crecimiento, que en medio del dolor nos están regalando nuestro protagónico en la vida y la libertad de acción; es un segundo parto que nos permitirá continuar o reformar el camino andado por ellos y su ausencia provocará al tiempo, el reacomodo necesario en las familias, donde siendo tal vez uno de los hijos que daba problemas, ahora nos podamos convertir en aquel que los comienza a resolver.

 

El dolor de la ausencia es tan necesario como inevitable, pues nos lleva a entender, a honrar y continuar esos ejemplos de amor desinteresado; la ausencia del padre nos lleva a volver a ser para nuestra vida o nuestros hijos, ese brazo fuerte, constante y en muchos casos austero y desarraigado para hacer frente a los necesarios cambios de la vida; y la ausencia de la madre, nos deja con el deseo de volver a construir un hogar, basado en la tolerancia, la unión y el cariño siempre prudente de la nuestra.

 

Regalemos a ambos la satisfacción del trabajo cumplido y el afianzamiento en libertad de nuestras raíces, al tiempo ambos se instalan como parte de nuestra conciencia en el corazón, de donde nunca más se van, es su esencia más que su persona la que queda en nosotros, la que sigue haciéndonos fuertes y susurrando suavemente. "sigue adelante, que voy siempre delante de ti, abriéndote camino, el más hermoso el que se labra con y por amor".

 


El viento sopla donde quiere y tú oyes su voz; pero nadie sabe de donde viene ni a donde va.

El que ha nacido por segunda vez se parece a un manantial viviente del que fluye agua pura y en cuyas riberas vienen a instalarse plantas, animales, hombres. Su religión es la verdadera religión del amor divino y de la sabiduría divina, aquél que ha nacido por segunda vez entiende la lección de las abejas...

Aquí hay otros textos similares.

Cuando se cierra la casa de los abuelos

Padre de tus padres.

Aprende a amar a tus padres aceptando con serenidad su vejez.

Todo hijo es padre de sus padres.

Cuando yo ya no pueda.

 

martes, 2 de febrero de 2021

HABLAR y CALLAR

 Atribuído a Diógenes, el siguiente texto puede encontrarse en numerosos sitios de Internet; de ahí he recogido distintas versiones y completé esta que escribo a continuación. 


HABLAR Y CALLAR

Callar miserias humanas es caridad.

Hablar oportunamente es acierto.

Callar a tiempo es prudencia.

Hablar ante una injusticia es valentía.

Callar ~debiendo hablar~ es cobardía, es necedad.

Hablar ~debiendo callar~ es vanidad.

Hablar de sí mismo es vanidad.

Callar de sí mismo es humildad.

Hablar para rectificar es un deber.

Callar palabras inútiles es virtud.

Hablar para defender es compasión, es heroísmo.

Callar ~si lo que vas a decir puede herir~ es heroísmo.

Hablar con sinceridad es rectitud.

Callar defectos ajenos es benevolencia.

Hablar ante un dolor es consolar.

Callar cuando otro habla es delicadeza.

Hablar es fácil, pero callar requiere prudencia y dominio.

Hablar solo cuando sea necesario. Callando es como se aprende a escuchar. Escuchando es como se aprende a hablar y hablando es como se aprende a callar.

Que nuestras palabras sean más importantes que el silencio.  

Texto atribuído a Diógenes



sábado, 23 de enero de 2021

CUANDO SE CIERRA LA CASA DE LOS ABUELOS

 

Este texto lo compartió en su muro Ricardo Portillo Mireles; lo complemento con unas fotos maravillosas de Marina Rusoe que me parece que conservan gran parte de la esencia de los Mireles; el crédito del texto original a quien así corresponda…

 

CUANDO SE CIERRA LA CASA DE LOS ABUELOS

 



Uno de los momentos más tristes de nuestras vidas llega cuando se cierra para siempre la puerta de la casa de los abuelos, y es que, al cerrarse esa puerta, damos por finalizados los encuentros con todos los miembros de la familia, que en ocasiones especiales –cuando se juntan – enaltecen los apellidos, como si de una familia real se tratase, llevados siempre por el amor de y a los abuelos.

 

Cuando cerramos la casa de los abuelos, damos por terminadas las tardes de alegría con tíos, primos, nietos, sobrinos, padres, hermanos, cuñados [que vienen desde esos lugares a donde se han ido para hacer sus vidas]; e incluso novios pasajeros que se enamoran del ambiente que allí se respira.

 

Ni siquiera hace falta salir a la calle, estar en la casa de los abuelos es lo que toda familia necesita para ser feliz. Los reencuentros en navidad, en semana santa y en los cumpleaños de los abuelos, regados con el olor del desayuno; las interminables pláticas frente a la cocina o allá atrás, bajo la sombra siempre fresca del “mante” que cada año que transcurre piensas si será la última vez… Cuesta aceptar que esto tenga fecha límite, que algún día todo será cubierto de polvo y las risas serán un recuerdo ido de tal vez mejores tiempos.

El año pasa mientras esperas estos momentos, y sin darnos cuenta, pasamos de ser niños abriendo regalos a sentarnos junto a adultos en la misma mesa, jugando “desde que Dios amanece” hasta el tecito\cafecito de la cena; porque cuando se está en familia, el tiempo no pasa… y el café es sagrado.

 

La casa de los abuelos siempre está llena de sillas y sillones; nunca se sabe si un primo traerá a la novia, o a un amigo o al vecino, porque aquí todo el mundo es bienvenido. Siempre habrá una ollita con el té y otra con el café, o el abuelo dispuesto a hacerlo.

 

Saludas a la gente que pasa por la calle, casi todos conocidos, porque la gente de la calle de tus abuelos es tu gente, es tu pueblo. Te regocijas con el grito del vendedor ambulante de elotes, raspados y –saboreando sus delicias – te arremolinas a su alrededor mientras se llega tu turno.

 

Cerrar la casa de los abuelos, es decir adiós a las deliciosas tortillas de harina de la abuela y a las historias del abuelo, al dinero que te dan a escondidas de tus padres como si de una ilegalidad se tratase; a llorar de risa por cualquier tontería, o a llorar por la pena de los que se fueron demasiado pronto. Es despedirse de la emoción de llegar a la cocina y destapar las ollas y disfrutar el plato de ese día, de decir adiós a los taquitos de la vecina y los paseos por el río cercano.

 


Así que, si algún día tienes la oportunidad de llamar a la puerta de esa casa y que alguien te abra desde dentro, debes aprovecharla cada vez que puedas, porque entrar ahí es imaginar ver a tus abuelos o a tus viejos, sentados, esperando para darte un beso, es sentir la sensación más maravillosa que puedas tener en la vida.

 

Si resulta que ahora nos toca ser abuelos, y ya nuestros padres no están; nunca perdamos la oportunidad de abrir las puertas  a nuestros hijos y a nuestros nietos y a celebrar con ellos el don de la familia; porque solo en la familia es donde los hijos y los nietos encontrarán el espacio propicio para vivir el misterio del amor a los más cercanos y a los que les rodean.

 

Disfruta y aprovecha la casa de los abuelos mientras puedas; pues llegará un momento en que, en la soledad de sus paredes y rincones, si cierras los ojos y te concentras, podrás escuchar tal vez el eco de una sonrisa o un llanto atrapado en el tiempo; y al abrirlos de nuevo, la nostalgia te atrapará, y te preguntarás ¿Por qué se todo tan de prisa? Y será doloroso descubrir que no todo eso se fue, solo que lo dejamos ir…



Fin


LA MALA COSTUMBRE

 Esta publicación la compartió Carlos Benitez Kayceros, filósofo, maestro, amante de la fotografía y de los autos, de los "vochos" en especial. La transcribo tal cual. 




LA MALA COSTUMBRE

La mala costumbre que tenemos los seres humanos de valorar algo solamente en su ausencia.

Valoramos el dinero cuando nos falta.

Valoramos el tiempo cuando nos estamos muriendo.

Valoramos la familia cuando la perdimos.

Valoramos el frío cuando hace calor y deseamos que haga calor cuando hace frío.

Solamente cuando recibimos un golpe bajo dejamos de posponer la vida para después. Vivimos de recuerdos del pasado, o anhelando un futuro que no sabemos si vamos a alcanzar, mientras sufrimos el presente como si nos encontráramos en una prisión sin salida.

Nos quejamos de nuestros hijos pequeños, y luego ~cuando crecen~ deseamos que vuelvan a ser niños. 


Vivimos discutiendo con nuestros padres, y luego ~cuando mueren~ anhelamos con todo nuestro ser poder retroceder el tiempo y darles tan solo un abrazo más.

Nos quejamos de todo lo que nos falta y nos olvidamos de disfrutar lo que nos sobra. 

El ayer ya pasó y el futuro es incierto. Solamente nos queda vivir aquí y ahora; y sembrar lo mejor que tengamos confiando en que vamos a cosechar mejor después.

¿Por qué esperar para decir Te Amo

¿Por qué no luchar hoy por lo que deseas?

¿Por qué guardarte sonrisas, abrazos y besos?

¿Por qué no pedir perdón?.

Nunca creemos que se nos puede acabar el tiempo hasta que se nos acaba. Nunca creemos que podemos perder algo hasta que lo perdemos. Nunca creemos que vamos a morir hasta que estamos muriendo. 

¿Por qué no mejor disfrutar del sol cuando está brillando?

¿Por qué no mejor dejar que la lluvia nos moje cuando está lloviendo?

¿Por qué no reír cuando estamos felices y llorar cuando sufrimos? Sufrir también es vivir. Que duela también es señal de que puedes sentir. Sentir todavía es señal de que hay esperanza. 

No esperemos enterarnos de que estamos muriendo para empezar a vivir. La vida es solo eso: el aquí y el ahora, todo lo demás es ilusión.


Pastora Soler nos deleita con esta espléndida melodía "tenemos la mala costumbre" que invita a la reflexión... (y a la acción) 



El poeta Jaime Sabines escribió acerca de las costumbres este espléndido poema: que costumbre tan salvaje



FIN


domingo, 17 de enero de 2021

MI RIFLE VIEJO

 Estas décimas las recibí de mi amigo Jesús Dueñas; y las transcribo tal cual.

De la inspiración de un gran decimista sotaventino [refiriéndose a la región de Sotavento, en Veracruz) que fue don Aurelio Morales Morales

MI RIFLE VIEJO

Allá por mis años mozos

tuve un rifle de primera

bien llena su carrillera

lo disparaba gustoso

que tiempos maravillosos

pero todo eso se acaba

por gusto parque gastaba

pues lo tenía de a montón

era tan firme el cañon

que pa' tirar ni apuntaba


yo lo usaba sin recato

mi rifle me respondía

por la noche por el día

lo ocupaba a cada rato

como el parque era barato

traía lleno mi morral

a cualquier peludo animal

ya fuera grande o chiquito

le daba con el riflito 

y su calibre especial


tanto yo me divertía

con mi rifle tan potente

que al comentarlo la gente

satisfecho me sentía

por mi enorme puntería

me conocía el mundo entero

me decían el carnicero

por lo bien que disparaba

porque a las puras venadas

les apostillaba el cuero


Como el rifle estaba nuevo

desde la cacha al cañon

siempre lo tuve en acción

ese es el gusto que llevo

y aunque presumir no debo

con mi exacta puntería

donde el ojo yo ponía

le colocaba una bala

que si la presa era mala

no'más un tiro le hacía.


Más todo por servir se acaba

hasta en lo más poderoso

y mi rifle tan precioso 

que tanto a mo me gustaba

con el que yo disparaba

y que le di tanto uso

a lo mejor por abuso

hoy se le pandea el cañon

ya tira sin dirección

hasta se me descompuso


No puedo usarlo seguido

el parque se me escasea

no tiene usted una idea

lo triste que me he sentido

a lo mejor por descuido

o querer tirar de lejos

hoy ya no jala parejo

y eso a mi me duele mucho

por gastar tanto cartucho

mi rifle se ha vuelto viejo


Lo llevé con un armero

para una reparación

y no encontró refacción

ni aquí ni en el extranjero

de nada sirvió el dinero

que en abundancia le dí

ya la esperanza perdí

de reparar ese mal

pues mi rifle suena igual

y tengo que usarlo así.


Un amigo de los viejos 

y que tiró de a montón

al saber mi situación 

me regaló este consejo

me dijo "no seas pendejo

no es que tu rifle esté mal

el mío funcionaba igual

y sin embargo lo usaba

todo por servir se acaba

es regla muy natural"


Uno nuevo es imposible

la edad no te lo permite

bastante gusto te diste

tirando fuiste terrible

a lo mejor suena horrible 

lo que aquí les voy versando

hay parque de contrabando

y aunque no quieras creer

con viagra podrás hacer

un tiro de vez en cuando.


La versión en son jarocho se disfruta en el siguiente video.


Fin.




miércoles, 25 de noviembre de 2020

EL VALOR DE LAS PEQUEÑAS COSAS.

En realidad no sé si ese sea el título pues lo encontré en Internet así, sin título. 

 
https://image.slidesharecdn.com/susurros-de-dios-1204134480207789-2/95/susurros-de-dios-1-728.jpg?cb=1204105681

Cierto hombre susurró: Dios háblame... y el árbol cantó, pero el hombre no oía. 
Habló más fuerte, ¡Dios, háblame! y un rayo cruzó el cielo; pero el hombre no escuchó.
Miró a su alrededor y dijo: ¡Dios, permite que te vea! y una estrella se iluminó con gran resplandor... Pero el hombre no la vio. 
Entonces gritó: ¡Dios, muéstrame un milagro! Y en ese momento nació un niño... Pero el hombre no se dio cuenta. 
Luego pidió a gritos, con desesperación ¡Dios, haz algo, hazme saber que estás aquí! En ese instante, Dios hizo que una mariposa se posase sobre su hombro... pero el hombre la espantó y continuo su camino... 

No pierdas la bendición de observar cosas pequeñas que ocurren a tu alrededor; si te detienes, podrás observar a Dios mostrándose en tu vida.


La vida está hecha de pequeñas cosas y breves momentos; la felicidad la encontraremos si sabemos apreciarlas y valorarlas. 


Tú eres la bendición de alguien, y probablemente muchas veces has dicho lo correcto en el momento adecuado, sin siquiera darte cuenta que eso era lo que querían escuchar. Has ofrecido tu sonrisa cuando alguien más se sentía solo y con aliviaste su dolor. Has sido el amigo de alguien, su recurso, su campeón, su espacio seguro, su inspiración y su esperanza.

 

Sin saberlo [o con toda intención], eres de esas personas que dicen “no tener nada que ofrecer” pero compartes momentos de felicidad, ofreces paz, sonríes, das amor… y eso es lo mejor que puede ofrecerse a alguien.

Somos las huellas que dejamos, lo que amamos, lo que soltamos; somos lo que aprendemos con lo que la vida nos regala, un conjunto de experiencias buenas y no tan buenas.

Somos lo que hemos decidido ser, aunque siempre existe la posibilidad de ser una mejor versión propia.

 

Siempre que puedas llevar paz a la vida de alguien, hazlo. Ya hay demasiado caos en la vida, demasiada gente haciendo daño y lastimando.

Siempre que tengas la oportunidad de ser amable, hacer el bien, escuchar, hacer reír, no lo dudes y hazlo.

Que tu huella en los caminos de la vida sea siempre en positivo.