Toda luz tiene su sombra, un territorio de tinieblas donde habita lo que deseamos de verdad; como todo territorio inexplorado, las sombras esconden tesoros, pero por mucho oro que haya en ellas no dejan de ser sombras, llenas de oscuridad, de inquinas, de incertidumbres. Es la luz la que nos deslumbra, la que ilumina el camino por el que transitamos, pero son las sombras las que nos definen; es allí, donde no llega la luz, donde reside el alma, lo que queremos, lo que perseguimos, lo que escondemos, lo que somos de verdad.
domingo, 1 de agosto de 2021
LA COCINERA DE CASTAMAR
Toda luz tiene su sombra, un territorio de tinieblas donde habita lo que deseamos de verdad; como todo territorio inexplorado, las sombras esconden tesoros, pero por mucho oro que haya en ellas no dejan de ser sombras, llenas de oscuridad, de inquinas, de incertidumbres. Es la luz la que nos deslumbra, la que ilumina el camino por el que transitamos, pero son las sombras las que nos definen; es allí, donde no llega la luz, donde reside el alma, lo que queremos, lo que perseguimos, lo que escondemos, lo que somos de verdad.
lunes, 12 de abril de 2021
COMO AMAR A NUESTROS VIEJOS
El texto llegó como muchos otros; por casualidad mientras navegaba en Internet; solamente leerlo me trajo a la menta la manera en que estoy yo amando a mis padres; ancianos ya pero independientes y siempre joviales; yo no sé si viviré los 80's y si mis hijos tendrán paciencia y ganas de amarme como lo sugiere este hermoso y aleccionador texto.
Ser viejo es muy complicado; es una etapa llena de cambios, de pérdidas y de nuevos aprendizajes; en la vejez; mucho más que en la niñez se requieren paciencia, comprensión, sabiduría, tolerancia y firmeza para acompañar en el camino "de regreso a casa" a los que nos ayudaron a crecer.
Ser padres es contener, dar sostén, acompañar en el crecimientos, ser garantes de nuestros hijos. educar, criar, amar. Somos hijos cuando nacemos y seguimos siéndolo cuando el ciclo se cierra y envejecemos; pero en la curva debemos pasar de ser cuidados a ser cuidadores, la ecuación de la protección se invierte, quienes antes velaban por nosotros hoy necesitan nuestro amparo.
COMO AMAR A NUESTROS VIEJOS
Déjalo hablar... porque hay en su pasado un tesoro lleno de verdad, de belleza, y de bien; porque en sus palabras se vierte la experiencia del tiempo y de la vida.
Déjalo vencer... en esas discusiones baladíes que a veces se suscitan, permite que triunfe porque tiene necesidad de sentirse seguro de sí mismo.
Déjalo visitar a sus viejos amigos, entre ellos se cuentan historias que re-viven sus mejores momentos -y a veces también se ríen de sus pasadas desdichas.
Déjalo contar sus historias repetidas; pon tu cara de asombro y de alegría como si fuera la primera vez que la escucharas; la vida tiene ya muy pocas novedades. Le haces feliz cuando le escuchas.
Déjalo vivir entre las cosas que ha amado; sí, esas que a veces nos parecen viejas (y muchas lo son), e inútiles (aunque para ti lo sean) pero que son parte de su vida; entre ellas ha vivido y al quitárselas le arrancas pedazos de si mismo.
Déjalo gritar cuando se equivoque, cuando se frustre; los ancianos -como los niños - tienen derecho a la comprensión; y quién mejor que tú que eres su sangre, su vida, su todo para amarle también en sus enojos.
Déjalo viajar en el automóvil de la familia cuando van de vacaciones; no quieras remordimientos de conciencia cuando tu viejo(a) no exista más.
Ayudalos a envejecer con el mismo amor con que ayudas a crecer a tus hijos; envejecer es parte de la naturaleza... sé ejemplo de paciencia, de amor y de firmeza.
Déjalos rezar como ellos saben, como les guste; los ancianos descubren la presencia de Dios en el camino que cada día recorren; en el aleteo de las aves, en el brillo del sol, en las gotas de lluvia, en esas "insignificancias" de la vida:
Sé tú testimonio de lo que está escrito "Hasta en vuestra vejez Yo seré el mismo, En tus años avanzados Yo te sostendré, Yo te cargaré y tendré para tí sustento".Los hijos no nos deben nada; no hay deuda por saldar ni por cuidados ni por estudios ni por nada; lo que los padres dan a los hijos no genera deuda alguna ni requiere "devolución" ni "pago"; si hay amor en tu corazón amalos, en la manera en que tu amor les ayude a ser felices, que tu amor se traduzca en abrazos, en cuidados; abrazalos, que tu abrazo les transmita la seguridad, que te dieron mientras crecías; que tu amor se sienta en la paciencia con la que les ayudas a vencer los retos de la tecnología.
domingo, 4 de abril de 2021
UN DÍA MORIRÉ
Esta publicación llegó así, sin remitente ni título ni autor; pienso que este es el más adecuado para su contenido y así lo dejaré mientras averiguo el título verdadero. ¿Créditos? a quien así corresponda:
UN DÍA ME IRÉ DE AQUÍ
Un día me iré de aquí, y entonces dejaré de abrazar a los que amo y también dejaré de pelearme con lo que no amo tanto.
Un día ya no volveré a probar mi café (que amo tanto), ni beber vino, ni comer mis comidas favoritas; dejaré de contemplar atardeceres y también dejaré de escribir mis reflexiones; dejaré de cantar las canciones que adoro; las que, aunque desafinado, canto con el alma.
Un día será la última vez que vea mi programa favorito; será la última vez que lea esos libros que nutren mi alma y dejaré de existir en este cuerpo.Un día todo habrá terminado... y eso estará bien, pues el hecho de haber saboreado la vida en esta encarnación, de haber despertado mi conciencia, eso es suficiente.
Un día que desconozco -y que no quiero conocer- este viaje habrá terminado y poco habrán importando mis creencias, mis miedos, mis errores, pero mucho habrán valido mis abrazos, mis caricias y mi amor.
Esta vida me ha dado más de lo que necesito y por eso viviré agradecido el resto de la jornada, esta vida me dado oportunidad de amar y sentirme amado.
¡Gracias vida!
Violeta Parra lo expresa maravillosamente en esta melodía.
miércoles, 3 de marzo de 2021
NO TE MUERAS CON TUS MUERTOS
NO TE MUERAS CON TUS MUERTOS
¿Sabes que cuando lloras a tus
muertos lloras por ti y no por ellos? Lloras porque “los perdiste”, porque no
los tienes a tu lado. Piensas que todo concluye con la muerte y crees que ellos
ya no están.
Entones si tus muertos ya no
están ¿En dónde están?
Sí, se han ido o ahora están
en otro lugar, ese lugar ¿es mejor que este? Si definitivamente ese lugar es
mejor que este, entonces ¿Por qué sufres su partida?
Cuando hayas terminado de
aceptar que ellos ya no están aquí pero aún están en otro lugar que es mejor
que este, pues allí donde están ya no están enfermos ni sufriendo entonces
dejarás de llorarlos y los recuperarás en el recuerdo para que te sigan
acompañando con la alegría de todo lo vivido.
No
te mueras con tus muertos, re-vívelos en tu corazón.
Si realmente los amabas,
vuelve a amarlos y esta vez con mayor fuerza, con mayor pureza, con mayor
entrega pues ya no habrá reproches de ningún tipo; solo el amor será la esencia
entre ustedes, entre ellos y nosotros. La esencia del amor incondicional.
Ya no los amamos por necesidad
ni por miedo. Cierto que hay dolor y que muchas son las maneras de expresarlo;
cierto es que se llora y se llora sin consuelo; mucho es el desconsuelo y
bastante la tristeza pero no te mueras
con tus muertos.
Déjalos partir como parten las
golondrinas en otoño para anidar en otros climas y volver, más numerosas y
crecidas, en otra primavera.
Déjalos volar a la fuente del
amor que ansiosos están por compartir con nosotros.
Seca tus lágrimas y ámalos. Verlos
allí es ver solo la cara de la muerte; no estamos viendo más allá, no estamos
viendo el lugar maravilloso de luz donde ahora se encuentran.
No
te mueras con tus muertos; dales honor viviendo tu vida con honor;
cuando los necesites los encontrarás en la suavidad del viento que sopla ~esas
serán sus manos en tu rostro~, la sombra
del árbol será su abrazo protegiéndote; en la luz del sol y entre la lluvia,
entre el canto de las aves susurrarán “te amo”, “te amo”.
Deja salir tus lágrimas y luego sigue adelante.
…porque me siento
impotente, sin ninguna explicación ante la muerte. Por eso confieso que me
duele en el alma la muerte de los que amo. Siento dolor y rabia, angustia,
impotencia y rebeldía. ¡Me siento acorralado! Y finalmente acepto la muerte aunque
no comprendo nada. Creo en Dios, en el Dios de amor y de la vida porque necesito
que la muerte tenga alguna explicación y algún sentido, y quiero pensar que
Dios lo sabe aunque yo lo ignore, y espero que mis muertos vivan aunque yo no
sepa cómo ni dónde.
Cuando una flor muere nace una semilla, cuando una semilla muere nace una planta… y la vida sigue su camino, más fuerte que muerte.
lunes, 8 de febrero de 2021
LA PÉRDIDA DE LOS PADRES. Nuestro segundo nacimiento
Esta es una publicación que encontré en el vasto espacio del Internet, firmada por alguien que se hace llamar Maitena.
al final encontrará algunos vínculos hacia otras publicaciones de contenido similar que complementarán el sentimiento que ésta despierte en su espíritu.
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| 1960 |
LA PÉRDIDA DE NUESTROS PADRES.
Tan doloroso como muchas de las veces natural, la
pérdida de los padres en el hombre lo deja siempre con un sentimiento de indefensión,
ya que son ellos siempre nuestros más solidarios e incondicionales protectores,
aquellos de quienes tenemos la idea nunca nos abandonarán y estarán siempre de
nuestro lado.
Y cuando llega el desprendimiento, llega con él una
sensación de soledad muchas de las veces acompañada de deuda, porque ¿Quién no
está en deuda con ellos? nos cuestionamos enseguida lo que pudimos haber hecho
de más, nuestra correspondencia y agradecimiento y ¿por qué no?, también
algunos reclamos naturales en nuestra crianza.
Esa es la primera parte del duelo, el abandono
duele más de momento que la ausencia, pero, es esto una ley natural en el mejor
de los casos, habrá que dejar de ser "hijo" para asumir nuestro
propio papel como individuos y luego entonces y en su caso, como padres. Tal
vez no se nota, pero quien tiene el privilegio de tener a sus padres, no asume
en su totalidad su independencia y esto es, la mayoría de las veces un plus en
la vida.
Habría que reflexionar para entender que la misión
de la paternidad es producir frutos, para luego soltarlos y ofrecerlos al
mundo, solo estando en ese papel entenderemos que ningún padre desea el dolor
de sus hijos y que ninguno tampoco, elegiría llevarse resentimientos con ellos,
que el perdón va implícito en el cuidado que han puesto en nosotros.
Entendiéndolo así sanamos más fácilmente nuestras culpas u omisiones, porque un
padre sabe también, lo que fue ser hijo y el egoísmo que necesariamente lo
envuelve, porque debe buscar su libertad y hacerle frente a sus decisiones,
muchas veces no es abandono sino responsabilidad y los padres saben ver las
intenciones muy por encima de las acciones, es por eso que nos son
indispensables.
Sin embargo es necesario recordar, no solo lo que
les debemos, también lo que fueron por sí mismos, sus risas, sus logros, sus
aventuras, sus motivos y sus complicidades, así estarán los recuerdos
completos.
Para lidiar con el aparente abandono, debemos
entender entonces que fue necesario para nuestro crecimiento, que en medio del
dolor nos están regalando nuestro protagónico en la vida y la libertad de
acción; es un segundo parto que nos permitirá continuar o reformar el camino
andado por ellos y su ausencia provocará al tiempo, el reacomodo necesario en
las familias, donde siendo tal vez uno de los hijos que daba problemas, ahora
nos podamos convertir en aquel que los comienza a resolver.
El dolor de la ausencia es tan necesario como
inevitable, pues nos lleva a entender, a honrar y continuar esos ejemplos de
amor desinteresado; la ausencia del padre nos lleva a volver a ser para nuestra
vida o nuestros hijos, ese brazo fuerte, constante y en muchos casos austero y
desarraigado para hacer frente a los necesarios cambios de la vida; y la
ausencia de la madre, nos deja con el deseo de volver a construir un hogar,
basado en la tolerancia, la unión y el cariño siempre prudente de la nuestra.
Regalemos a ambos la satisfacción del trabajo
cumplido y el afianzamiento en libertad de nuestras raíces, al tiempo ambos se
instalan como parte de nuestra conciencia en el corazón, de donde nunca más se
van, es su esencia más que su persona la que queda en nosotros, la que sigue haciéndonos
fuertes y susurrando suavemente. "sigue
adelante, que voy siempre delante de ti, abriéndote camino, el más hermoso el
que se labra con y por amor".
El viento sopla donde quiere y tú oyes su voz; pero nadie sabe de donde viene ni a donde va.
Aquí hay otros textos similares.
Cuando se cierra la casa de los abuelos.
Aprende a amar a tus padres aceptando con serenidad su vejez.
Todo hijo es padre de sus padres.
martes, 2 de febrero de 2021
HABLAR y CALLAR
Atribuído a Diógenes, el siguiente texto puede encontrarse en numerosos sitios de Internet; de ahí he recogido distintas versiones y completé esta que escribo a continuación.
Callar miserias humanas es caridad.
Hablar oportunamente es acierto.
Callar a tiempo es prudencia.
Hablar ante una injusticia es valentía.
Callar ~debiendo hablar~ es cobardía, es necedad.
Hablar ~debiendo callar~ es vanidad.
Hablar de sí mismo es vanidad.
Callar de sí mismo es humildad.
Hablar para rectificar es un deber.
Hablar para defender es compasión, es heroísmo.
Callar ~si lo que vas a decir puede herir~ es heroísmo.
Hablar con sinceridad es rectitud.
Callar defectos ajenos es benevolencia.
Hablar ante un dolor es consolar.
Callar cuando otro habla es delicadeza.
Hablar es fácil, pero callar requiere prudencia y dominio.
Hablar solo cuando sea necesario. Callando es como se aprende a escuchar. Escuchando es como se aprende a hablar y hablando es como se aprende a callar.
Que nuestras palabras sean más importantes que el silencio.
Texto atribuído a Diógenes
sábado, 23 de enero de 2021
CUANDO SE CIERRA LA CASA DE LOS ABUELOS
Este texto lo compartió en su muro Ricardo Portillo Mireles; lo complemento con unas fotos maravillosas de Marina Rusoe que me parece que conservan gran parte de la esencia de los Mireles; el crédito del texto original a quien así corresponda…
CUANDO SE CIERRA LA CASA DE LOS ABUELOS
Uno
de los momentos más tristes de nuestras vidas llega cuando se cierra para
siempre la puerta de la casa de los abuelos, y es que, al cerrarse esa puerta,
damos por finalizados los encuentros con todos los miembros de la familia, que
en ocasiones especiales –cuando se juntan – enaltecen los apellidos, como si de
una familia real se tratase, llevados siempre por el amor de y a los abuelos.
Cuando
cerramos la casa de los abuelos, damos por terminadas las tardes de alegría con
tíos, primos, nietos, sobrinos, padres, hermanos, cuñados [que vienen desde
esos lugares a donde se han ido para hacer sus vidas]; e incluso novios
pasajeros que se enamoran del ambiente que allí se respira.
Ni siquiera hace falta salir a la calle, estar en la casa de los abuelos es lo que toda familia necesita para ser feliz. Los reencuentros en navidad, en semana santa y en los cumpleaños de los abuelos, regados con el olor del desayuno; las interminables pláticas frente a la cocina o allá atrás, bajo la sombra siempre fresca del “mante” que cada año que transcurre piensas si será la última vez… Cuesta aceptar que esto tenga fecha límite, que algún día todo será cubierto de polvo y las risas serán un recuerdo ido de tal vez mejores tiempos.
El
año pasa mientras esperas estos momentos, y sin darnos cuenta, pasamos de ser
niños abriendo regalos a sentarnos junto a adultos en la misma mesa, jugando “desde
que Dios amanece” hasta el tecito\cafecito de la cena; porque cuando se está en
familia, el tiempo no pasa… y el café es sagrado.
La
casa de los abuelos siempre está llena de sillas y sillones; nunca se sabe si
un primo traerá a la novia, o a un amigo o al vecino, porque aquí todo el mundo
es bienvenido. Siempre habrá una ollita con el té y otra con el café, o el
abuelo dispuesto a hacerlo.
Saludas
a la gente que pasa por la calle, casi todos conocidos, porque la gente de la
calle de tus abuelos es tu gente, es tu pueblo. Te regocijas con el grito del
vendedor ambulante de elotes, raspados y –saboreando sus delicias – te arremolinas
a su alrededor mientras se llega tu turno.
Cerrar
la casa de los abuelos, es decir adiós a las deliciosas tortillas de harina de
la abuela y a las historias del abuelo, al dinero que te dan a escondidas de
tus padres como si de una ilegalidad se tratase; a llorar de risa por cualquier
tontería, o a llorar por la pena de los que se fueron demasiado pronto. Es despedirse
de la emoción de llegar a la cocina y destapar las ollas y disfrutar el plato de
ese día, de decir adiós a los taquitos de la vecina y los paseos por el río
cercano.
Así
que, si algún día tienes la oportunidad de llamar a la puerta de esa casa y que
alguien te abra desde dentro, debes aprovecharla cada vez que puedas, porque
entrar ahí es imaginar ver a tus abuelos o a tus viejos, sentados, esperando
para darte un beso, es sentir la sensación más maravillosa que puedas tener en
la vida.
Si
resulta que ahora nos toca ser abuelos, y ya nuestros padres no están; nunca perdamos
la oportunidad de abrir las puertas a
nuestros hijos y a nuestros nietos y a celebrar con ellos el don de la familia;
porque solo en la familia es donde los hijos y los nietos encontrarán el
espacio propicio para vivir el misterio del amor a los más cercanos y a los que
les rodean.
Disfruta
y aprovecha la casa de los abuelos mientras puedas; pues llegará un momento en
que, en la soledad de sus paredes y rincones, si cierras los ojos y te
concentras, podrás escuchar tal vez el eco de una sonrisa o un llanto atrapado
en el tiempo; y al abrirlos de nuevo, la nostalgia te atrapará, y te
preguntarás ¿Por qué se todo tan de prisa? Y será doloroso descubrir que no
todo eso se fue, solo que lo dejamos ir…
Fin


















